El Patronato Provincial de Turismo de Segovia quiere compartir contigo todos los tesoros que alberga la tierra segoviana...
Segovia, de todo para todos
MATABUENA Y MATAMALA
Siguiendo por la carretera N-110 y con dirección a Soria los dos pueblos siguientes, casi unidos físicamente, son Matabuena y Matamala. Se conserva la magnífica dehesa y desde aquí se puede ver también un amplio tramo de la cañada ya señalizado. Merece la pena fijarse en los tejados de la iglesia de Matabuena, donde han anidado muchas parejas de cigüeñas, y comprar una buena hogaza de pan, que aquí se cuece todavía en horno de leña. Como curiosidad, en este pueblo un vecino todavía mantiene una yunta para arar con arado romano y la presta a sus convecinos para trabajar en los pequeños campos que rodean el pueblo.
ARCONES
A continuación encontramos Arcones al pie de las Peñas Berrocosas. Lugar ideal para la práctica del vuelo libre en ala delta y parapente, es considerado como una de las zonas de vuelo más importantes de Europa por sus magníficas condiciones orográficas y climatológicas.
Zona de pastores desde épocas muy lejanas, conserva entre sus platos tradicionales la caldereta de cordero y las migas, que se acompañan de postres caseros como el arroz con leche o la leche frita.
Desde Arcones hasta Prádena se extiende un magnífico bosque de enebros y sabinas, especies de bella estampa con troncos retorcidos y copa piramidal, de madera durísima y nudosa, olorosa e imputrescible. Este bosque se ha recuperado mucho en los últimos años debido a la disminución del pastoreo.
PRÁDENA
En Prádena tenemos otras dos agradables sorpresas para los amantes de la naturaleza. La primera es su acebal, al que podemos acceder dando un paseo por el camino de tierra que nace a la derecha de las piscinas, siguiendo al principio paralelo a la valla y que poco a poco se interna en el robledal. En seguida empiezan a verse algunos ejemplares de acebo, pero hay que seguir hasta cruzar la valla de piedra que marca la cañada para poder apreciar el bosque en todo su esplendor.
Ya de vuelta y como punto final se puede visitar la segunda de estas sorpresas: la Cueva de los Enebralejos. De origen cárstico sorprenden las formaciones geológicas que la constituyen, estalagmitas y estalactitas con unas variedades cromáticas que van desde los anaranjados, azules y amarillos hasta el negro. Por su interior y coincidiendo con la época del deshielo discurre un cauce de agua que junto con los vestigios encontrados de pobladores de la zona que se remontan al 2.000 a.C. (pinturas, restos cerámicos) la hacen aún más interesante. Hay que destacar su Aula Arqueológica, donde se puede ver y aprender cómo se formó la cueva y cómo era la vida de sus moradores en la prehistoria.