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Segovia, de todo para todos
De nuevo desde el Azoguejo enfilamos la avenida de Fernández Ladreda (ministro de Obras Públicas cuando se trazó esta avenida), en la que, a nuestra izquierda, encontramos enseguida la iglesia de San Clemente, habitualmente sin culto, que posee un bellísimo ábside románico que mira a la calle del Marqués de Mondéjar (político de Felipe IV y escritor).
Continuando por la avenida, de inmediato nos sorprenderá el gran templo parroquial de San Millán, decorado por ábsides, atrios y pórticos muy bellos, considerado como uno de los templos más antiguos de la ciudad. Su interior es majestuoso, con restos mudéjares de su antiguo artesonado. Se veneran dos esculturas, la Soledad y un Cristo en su Última Palabra, obras ambas del escultor nacido en esta parroquia, Aniceto Marinas.
Salimos al popularmente llamado Camino Nuevo (consta en realidad de tres tramos, Ezequiel González, Conde de Sepúlveda y Obispo Quesada), por el que llegaremos a la antigua capilla del Cristo del Mercado, ante la que existe una cruz de piedra. Cuenta la tradición que en el punto de esta cruz predicó a los segovianos San Vicente Ferrer.
Fray Vicente llegó a Segovia el 3 de mayo de 1411, fiesta de la Invención de la Santa Cruz, y encontró en el lugar un gran gentío, que muy probablemente estaba allí para celebrar la colocación del "mayo", un poste de gran altura, costumbre al parecer de origen pagano pero que fue absorbida por el catolicismo; la fiesta sigue celebrándose a los pies de la ermita. Por deseo de San Vicente Ferrer se levantó aquí una pequeña ermita, pero en el siglo XVII fue derruida para sustituirla por la actual. Tiene un retablo del maestro Churriguera, y en cuanto a la imagen del Cristo, no se tiene fecha concreta, aunque se supone que fue donado a primeros del siglo XVI. En 1863 se trajo de Roma una reliquia de San Vicente Ferrer, que se conservaba en un relicario de metal blanco, hoy en paradero desconocido.