La Junta de Castilla y León ha comenzado el procedimiento para declarar la gacería Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial.
«Como la gacería caterva pulirse de sierte como BIC». La frase, en gacería, viene a decir que la jerga de Cantalejo busca ahora ver cómo llegar a ser Bien de Interés Cultural. No es una fórmula oficial ni aparece así en el Boletín Oficial de Castilla y León, pero resume bien el momento que vive uno de los rasgos más singulares de la identidad cantalejana. La Dirección General de Patrimonio Cultural ha iniciado el procedimiento para declarar la gacería Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial, un paso con el que la Junta reconoce el valor patrimonial de una forma de hablar nacida al calor de los trilleros, briqueros y tratantes de ganado y que, siglos después, sigue viva en el municipio.
La resolución, publicada este jueves en el BOCYL, considera que la gacería constituye «un testimonio de formas de vida pasadas, vinculadas a la historia social y económica de Cantalejo», y la sitúa como parte del patrimonio lingüístico de Castilla y León. No solo por su singularidad como jerga histórica, sino también por su vínculo con los oficios tradicionales y con la identidad de una comunidad que ha sabido conservarla, transmitirla y revitalizarla en las últimas décadas.
En Cantalejo, la noticia se ha recibido como un espaldarazo a una de sus señas de identidad más reconocibles. «Para el pueblo es otra oportunidad de tener otro BIC y, en este caso, algo que la gacería la utilizamos todos y es tan cercana; nos identifica», explica la alcaldesa, Ana Rosa Zamarro. Para la regidora, la incoación del expediente supone el reconocimiento institucional a un patrimonio que forma parte del día a día del municipio y que no se percibe como una pieza arqueológica del pasado, sino como un rasgo propio que aún conserva presencia en la vida local.
La historia de la gacería corre en paralelo a la historia económica de Cantalejo. Su origen se vincula al mundo del trillo, una actividad que durante siglos marcó la vida de la localidad. La fabricación de trillos puede rastrearse en la villa al menos desde el siglo XVI, aunque fue sobre todo entre los siglos XIX y XX cuando la gacería se consolidó como una jerga profesional ligada a la producción y comercialización de trillos, cribas, arados y otros aperos de labranza, así como a la compraventa de ganado.
El contexto en el que nació ayuda a entender su función. Los trilleros y tratantes de Cantalejo recorrían ferias y mercados de distintas regiones de España para vender sus productos o comprar ganado. En ese ir y venir de negocios, la gacería servía como un código de comunicación propio, una manera de hablar entre ellos sin que el comprador o cualquier persona ajena al oficio pudiera entender lo que se estaba diciendo. Era una herramienta de trabajo, pero también un lenguaje de protección. Permitía comentar el precio, el margen o la calidad de una mercancía sin desvelar las cartas durante la negociación.
Por eso, el expediente de la Junta insiste en esa doble naturaleza: la gacería es una jerga gremial vinculada a los trilleros y ganaderos de Cantalejo, pero también un argot con finalidad críptica. La resolución cita incluso ejemplos recogidos en estudios sobre esta habla, como expresiones utilizadas en plena compraventa para valorar un trato o ajustar el precio de una mercancía sin que el interlocutor lo advirtiera. Una de las más conocidas es 'brica', alteración de 'criba', de la que deriva 'briquero', un término que aún hoy funciona como gentilicio popular de los cantalejanos.
Sin embargo, el valor de la gacería no está solo en su interés filológico o en su capacidad para retratar una economía ya desaparecida. Lo que ha llevado a la Junta a iniciar su declaración como BIC es, sobre todo, su condición de patrimonio vivo. A diferencia de otras jergas gremiales prácticamente extinguidas, la de Cantalejo ha logrado permanecer en la memoria colectiva del pueblo y seguir presente, con distinta intensidad, en la vida social y cultural de la localidad. «Nos unía en los talleres de los trilleros», resume la alcaldesa, que ve en esta forma de hablar una pieza esencial de la identidad local. Zamarro insiste en que no se trata de algo «pasado», sino de un patrimonio que aún puede seguir utilizándose y fortaleciéndose. De hecho, el Ayuntamiento lleva años promoviendo su conservación a través de publicaciones, actividades y referencias públicas que buscan mantenerla visible.
La propia resolución del BOCYL recoge parte de ese trabajo. La Junta destaca que el Ayuntamiento apoya activamente la transmisión de la gacería mediante la edición de estudios, su presencia en el pregón de las fiestas patronales o su uso en la nomenclatura de algunas calles. También menciona el papel del Museo del Trillo como espacio de divulgación del contexto económico y social del que surgió esta jerga.
La gacería nació para que otros no entendieran. Ahora, siglos después, busca justo lo contrario: ser comprendida como una parte esencial de la historia, la memoria y la identidad de Cantalejo.
Fuente: El Día de Segovia