La Real Fábrica de Cristales crea una pieza de vidrio que el obispo de Segovia entregará a León XIV en su próxima visita a España
En los hornos de la Real Fábrica de Cristales de La Granja se trabaja cada día con piezas destinadas a museos, colecciones y proyectos artísticos. Sin embargo, pocas veces una creación nacida entre fuego, cristal y manos artesanas tiene como posible destino el Vaticano.
Ese es el recorrido que podría emprender próximamente un cáliz elaborado en la histórica manufactura segoviana y concebido expresamente como obsequio para el papa León XIV. La pieza fue entregada ayer al obispo de Segovia, Jesús Vidal, quien intentará hacérsela llegar personalmente aprovechando la anunciada visita del Pontífice a Madrid.
Más allá de su valor simbólico, el cáliz representa también una muestra de la tradición artesanal que la Real Fábrica mantiene viva desde hace siglos en La Granja de San Ildefonso. Su elaboración ha supuesto uno de los trabajos más complejos afrontados recientemente por los talleres del centro, obligando a los artesanos a repetir distintas fases del proceso hasta alcanzar el resultado definitivo.
La pieza responde además a los requisitos litúrgicos propios de este tipo de objetos destinados al culto. Con una altura cercana a los treinta centímetros, presenta una notable presencia visual y ha sido diseñada teniendo en cuenta aspectos teológicos específicos. Entre ellos figura que el recipiente no sea traslúcido, evitando que el contenido pueda verse desde el exterior durante la celebración eucarística.
El presidente de la Real Fábrica de Cristales, Andrés Ortega, fue el encargado de hacer entrega formal de la obra al obispo segoviano en un encuentro en el que ambos compartieron su deseo de que el Papa pueda llegar a utilizarla algún día, ya sea en una celebración pública o en el ámbito privado de su ministerio.
La historia del cáliz, sin embargo, comienza mucho antes de ese acto. Comienza en el horno de fundición y soplado, donde las materias primas se transforman a temperaturas próximas a los 1.500 grados centígrados. Allí nace una masa homogénea de cristal líquido que los maestros vidrieros recogen con la tradicional caña de soplado para darle forma mediante moldes y técnicas heredadas de generaciones anteriores. Tras esa primera fase, la pieza inicia un lento proceso de enfriamiento controlado en hornos de recocido. Este paso resulta imprescindible para eliminar tensiones internas y garantizar la estabilidad del cristal. Ya en los talleres de talla y facetado, los artesanos modelan cada detalle con precisión milimétrica. Sobre la superficie del cáliz se esculpen las facetas decorativas, los elementos ornamentales y los escudos que personalizan la obra. El pie adquiere formas inspiradas en pétalos, mientras que el tallo concentra buena parte de la complejidad técnica de la pieza.
La última intervención corresponde a los especialistas en esmaltado y decoración. Sobre el cristal se aplican motivos religiosos y elementos ornamentales utilizando pan de oro, que posteriormente queda fijado mediante una nueva cocción en horno a unos 550 grados. El resultado es una pieza que combina tradición, simbolismo religioso y excelencia artesanal.
La singularidad del proyecto no termina ahí. Junto al cáliz destinado al Pontífice se ha realizado una segunda pieza gemela para el obispo de Segovia. Ambas comparten dimensiones, estructura y proceso de fabricación, aunque la del prelado incorpora su propia simbología episcopal.
Fuente: El Día de Segovia