Las obras de remodelación de la recepción comenzaron el 10 de febrero y se mantendrán hasta abril, cuando reabre el monumento al público pese a que las del nuevo museo no finalizarán hasta el mes de junio, fecha en la que acaban unos trabajos cuyo presupuesto ronda los 2,4 millones de euros
Algunos visitantes ya habrán notado desde este 10 de febrero que las puertas del Palacio Real de Riofrío se encuentran cerradas al público. Será algo momentáneo hasta el mes de abril, cuando vuelvan a abrirse. Habrá valido la pena, con uno de sus dos principales objetivos realizados. Según explican desde Patrimonio Nacional, se está llevando a cabo una remodelación integral del centro de recepción de visitantes que lo transformará en más cómodo, moderno y accesible. Un proyecto que incluye además la creación de un nuevo Museo del Patrimonio Natural, que a grandes rasgos servirá para divulgar y educar sobre el privilegiado entorno y biodiversidad que rodea el palacio segoviano, el bosque de Riofrío.
Ese segundo plan tardará un poco más, ya que se espera que sea en junio cuando terminen los trabajos, pero el palacio reabre al público en abril porque permite que cohabiten las obras del museo natural con las habituales visitas. Será compatible. En total, el presupuesto alcanza los 2.360.000 euros provenientes del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Unas mejoras de las que se beneficiarán los más de 40.000 visitantes que recibe al año. Hablamos con Patrimonio Nacional, el organismo público español que gestiona y mantiene los bienes de titularidad estatal cedidos para el uso y servicio de la Corona, para profundizar un poco más en qué consistirá este proyecto.
Eva Flores, arquitecta técnica de Patrimonio Nacional y miembro del equipo coordinador, diferencia entre ambos tipos de obra. Porque la del centro de recepción de visitantes (CRV) es una reorganización de unas instalaciones ya existentes que experimentarán mejoras aprovechables por los turistas, mientras que en el caso del Museo del Patrimonio Natural todo será nuevo, aunque en el espacio de un museo anterior.
Centro de recepción
“Los trabajos del centro de recepción están enfocados a mejorar el acceso al palacio y la información que se recibe en el momento de la entrada. Sobre todo de acabado, de mejora de las condiciones térmicas y de iluminación, del confort en general y una mayor accesibilidad. Para ello, se van a reorganizar las circulaciones y los espacios”, informa Flores. Habrá mobiliario y museografía nuevos, de tal manera que el visitante, cuando aparezca por allí, lo hará de una forma más confortable y con una información más clara de lo que puede ver en ambos museos, tanto en el de la residencia como el natural, con avances en la señalización, los acabados y los accesos. Obras que permitirán reorganizar los espacios dedicados a los visitantes, seguridad y taquillas, además del acondicionamiento térmico o la iluminación. También se ampliará el mostrador y el área de acogida. “No se trata de una ampliación. Los espacios serán los mismos. Lo que pasa es que se reorganiza y se reordenan las circulaciones para que todo sea mucho más fluido, que los turistas tengan un espacio más amplio y cómodo cuando, por ejemplo, vayan a comprar su entrada o a solicitar una información. En definitiva, una mejor atención”.
‘Nuevo’ Museo del Patrimonio Natural
Eva Flores apostilla que lo de ‘nuevo’ debe ir entrecomillado, ya que en realidad de lo que se trata es de remodelar el existente Museo de la Caza del palacio en un nuevo Museo del Patrimonio Natural. Una transformación que lleva aparejada, como sucede en el centro de recepción de visitantes, una reorganización de la visita, aunque esta vez unida a una reorganización de los contenidos, ampliándolos porque “se va a mantener la caza como germen tanto del Palacio de Riofrío como de otros Reales Sitios, por la importancia que tenía en la formación de los herederos al trono. Pero a la vez se va a explicar cómo se pasa de la caza a ese patrimonio natural que gestiona Patrimonio Nacional, que lo conserva, lo protege y lo dará a conocer”.
Eso implica ampliar la información y la temática del museo. Una gran parte de las piezas que antes se exhibían se van a mantener, los dioramas, etc., que además se explicarán con más atractivo. Otras piezas serán guardadas, precisa la arquitecta y coordinadora del proyecto, porque no cabe todo.
Se intervendrá en 18 salas, pero la tarea va más allá pues engloba espacios de circulación, accesibilidad, aseos, etc. “Es el museo al completo lo que se interviene”, razona, con la misma intención de hacerlo más confortable para quien lo visite. “Habrá mejoras además en la museografía, es decir, en cómo se cuenta el contenido del museo para que pueda llegar a un público más amplio, desde un público escolar a uno más especializado en el medio natural o incluso en arte. Te pongo un ejemplo. Se van a explicar desde el germen del bosque de Riofrío, la caza como ritual cortesano…, pero se suma una descripción del hábitat, del paisaje de Riofrío, con su biodiversidad, sus especies animales y vegetales y además el cómo se protegen desde Patrimonio Nacional todos esos espacios, no únicamente Riofrío sino Aranjuez, el Escorial, el Pardo, porque ese patrimonio natural protegido llega a 18.000 hectáreas en conjunto. Todo eso se va a contar en el nuevo museo”.
Porque este palacio rebosa belleza en el interior y en el exterior. El bosque de Riofrío, a poco menos de diez kilómetros de Segovia capital, es un espacio natural de enorme valor ecológico de unas 640 hectáreas en las que convive una reserva biológica de encinas, sotos, sauces, chopos y especies arbustivas como los tomillos, romeros y cantuesos, con una diversidad faunística considerable. Más de 50 especies de aves, buitre leonado y buitre negro, además de ciervos, gamos, conejos, zorros…, en total, más de 102 especies de mamíferos. Todo un paraíso para los amantes de la caza, y ya sabemos lo que les gustaba la cuestión cinegética a los más pudientes del reino.
Eso en los exteriores, en el interior, y tras la división con la apertura al público de los años sesenta en dos grandes zonas para acoger el Museo Alfonsino y el de la Caza, más de 500 obras de arte trasladadas desde los ‘Reales Sitios’, maderas nobles, espejos venecianos, porcelanas francesas, relojes sobredorados, grandes cortinajes… y un sinfín de embellecedores de las suntuosas estancias. Hasta una sala de billar. Americano, eso sí.
Obras de un cuidado especial
Referirse a este tipo de obras tiene un carácter diferenciador respecto a la generalidad de trabajos o proyectos en edificios, zonas de una ciudad, etc. Hablamos de monumentos emblemáticos, enclaves especiales que son historia de nuestro país e incluso traspasan nuestras fronteras. Algo así como elevar un punto más un trabajo que atañe a un edificio histórico. “Cuando se planifica o se piensa un proyecto de cualquier edificio histórico, siempre se hace desde una perspectiva del respeto absoluto al edificio en el que se está trabajando. Con esa premisa, se utilizan criterios desde el primer momento sobre todo de conocimiento y estudio de dicho edificio, se estudia toda la documentación existente del mismo antes de tomar las decisiones sobre qué es lo que se va a hacer. Se utilizan criterios de mínima intervención, es decir, lo mínimo imprescindible para el objeto y el uso que se le dará. Criterios de reversibilidad, es decir, lo que se interviene que se pueda eliminar fácilmente en caso de que no se siga utilizando o se quiera hacer algo nuevo. Y todo, siempre, con equipos multidisciplinares para que cada parcela de conocimiento que se deba usar en el proyecto esté representada por un profesional que tenga esos conocimientos”, profundiza Eva Flores en este aspecto del mimo necesario. Por esa razón están implicados en Riofrío arquitectos, arquitectos técnicos, restauradores, conservadores, historiadores, diseñadores gráficos… “Son equipos muy complejos porque el edificio lo requiere. Y todo queda documentado y debe quedar claro que es algo nuevo o diferente a lo que existía allí. No incurrir en la imitación o en la falsedad. Es apasionante, la verdad”, resume.
Califica la coordinadora del proyecto como un “imponderable” la cuestión climática al ser cuestionada sobre si puede influir en los plazos teniendo en cuenta el infernal invierno que estamos padeciendo, pero sostiene que en este caso están menos condicionados ya que la casi totalidad de los trabajos son de interior. “Seguro que se cumplirán los plazos”, vaticina.
Francisco de Asís, Alfonso XII y más de cien años deshabitado
No tiene el caché del Palacio Real de Madrid, el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial y el resto de monumentos con el distintivo ‘Real’ que gestiona Patrimonio Nacional. Se podría decir que el Palacio de Riofrío es el gran desconocido de la bella lista, pero no por ello deja de ser una alegría para la vista. Rodeado de un enclave natural privilegiado, un bosque con el que comparte nombre y que ahora será mejor divulgado cuando esté finalizado el nuevo Museo del Patrimonio Natural que albergará, hablamos del palacio más italiano de cuantos existen en España, con dos inquilinos escasos en su historia como Francisco de Asís o Alfonso XII y con más de un siglo deshabitado.
La influencia italiana proviene de Isabel de Farnesio, viuda del rey Felipe V, quien había comprado esos terrenos segovianos en 1724. Muerto el monarca, ella, natural de Parma, tomó las riendas de la edificación con el objetivo de ofrecerle a su hijo, el infante Don Luis, una residencia en el campo donde retirarse. Amplió los terrenos con las zonas colindantes y encargó el diseño del palacio al italiano Virgilio Ravaglio, que apenas profundizó en el proyecto por su temprana muerte, siendo relevado por varios paisanos que acabaron un palacio considerado el más romano de cuantos hay en España, según se recoge en la web de Patrimonio Nacional.
La idea era convertirlo en otra versión del Palacio Real de la Granja, además a escasa distancia, con caballerizas, iglesia, teatro, edificios auxiliares, etc., pero el nombramiento como rey del hijo de Isabel de Farnesio, Carlos III, provocó que la madre tuviera más presencia en la corte, con lo que apenas habitó ese nuevo enclave real.
Aquello significó que el Palacio de Riofrío se convirtiera en un palacio sin huéspedes durante más de cien años. De hecho, solo fue habitado en dos ocasiones, como se indica en la mencionada web. Primero por el rey consorte Francisco de Asís -no confundir con San Francisco de Asís- a mitad del siglo XIX y después por el rey Alfonso XII, quien debía pasar el luto de su primera mujer, la reina María de las Mercedes en 1878. No era mal sitio para ese trance.
Fuente: El Adelantado de Segovia / / Patrimonio Nacional