La Real Fábrica de Cristales, pionera en el reconocimiento del trabajo tradicional

13 de julio de 2026 La Granja de San Ildefonso

Impulsada por su fundación, que preside Andrés Ortega, ya ha logrado a través de la Junta la inscripción en el BOPI como Indicación Geográfica de Productos Artesanales y está a expensas de la convalidación de la Unión Europea

En un mundo dominado por lo industrial y repetitivo, la copia de la copia, es de admirar aquello que se confecciona con las propias manos, que es original, con técnicas artesanales que en los últimos siglos se han traspasado de abuelos a padres e hijos y que conservan aún ese prurito del producto único e irrepetible como resultado final del esfuerzo. En estas aguas se mueve como nadie la Real Fábrica de Cristales de la Granja de San Ildefonso, cuyo ‘Cristal de la Granja’ acaba de ser inscrito en el BOPI (Boletín Oficial de la Propiedad Industrial) en el marco de una reglamentación europea que tiene por misión precisamente eso: proteger la procedencia de ese trabajo artesanal y el vínculo con un territorio concreto, en este caso la población segoviana. Darle el valor añadido y la protección que merece, como ya están amparados sectores como la alimentación.

Un proceso que tiene una doble vertiente. Por un lado la nacional, ya adquirida gracias al impulso de la Fundación de la Real Fábrica de Cristales que preside Andrés Ortega; y por otro el camino europeo, ya que el siguiente paso es la convalidación desde Bruselas, el germen de todo con el nuevo Reglamento de Indicaciones Geográficas que da cabida, por primera vez, a los productos artesanales. Con el apoyo vital de la Consejería de Industria, Universidades, Empleo y Comercio, que vio con muy buenos ojos la solicitud de la fundación, el enorme edificio de 29.000 metros cuadrados y lo que allí dentro se lleva a cabo serán pioneros en España, ya que es la primera indicación de este tipo que tiene el visto bueno del Ministerio de Industria. La Granja abrirá paso para que en adelante se sumen otros oficios y labores tradicionales que merezcan esta protección y reconocimiento, tanto en Castilla y León, donde de momento se desconoce si existen alternativas, o en el resto del territorio nacional, como por ejemplo ha hecho Córdoba con su joyería.

Andrés Ortega, también presidente de la Federación Empresarial Segoviana (FES), se muestra muy satisfecho de esta distinción y lo que implica. “Tremendamente satisfecho por todo lo que supone para la fábrica y esta fundación pero sobre todo para todo el mundo del vidrio y el vidrio realizado en La Granja y lo que va a suponer que esta IGP establezca lo que se hace aquí y cómo se hace y para aquellos artesanos que se instalen y trabajen según trabajamos aquí que harán uso de ella y la ayuda, el prestigio y garantía de futuro para la continuidad de esos trabajos artesanales que en definitiva es lo que perseguimos, que se mantenga la técnica del vidrio soplado, que no muera”, recalca.

Un agrado que es mayor por el carácter pionero que comporta el registro en el BOPI y que, como recuerda, Ortega, era uno de sus objetivos cuando arrancó esta iniciativa: “Queríamos ser los primeros en conseguir esta IGP de productos artesanales, y, por supuesto, los primeros del vidrio de España y Europa porque trabajamos mucho en ello, aunque no valga demasiado ser primero o el último. Sí para abrir camino a los demás y por si podemos ayudarles porque ya hemos recorrido ese camino”.

El presidente de la Fundación de la Real Fábrica de Cristales subraya que ahora mismo el proceso está en una fase de exposición pública de dos meses por si alguien presentara alegaciones. Una vez concluido ese plazo se remite a la Unión Europea, donde se repite otra exposición pública antes de que sea definitiva la concesión. “Eso tardará unos seis meses y esperamos que nos concedan ese reconocimiento. Es una forma de proteger, dar valor y preservar esta técnica y que además sirva para otros artesanos, algunos de la misma zona, que elaboran el vidrio de la misma manera que lo elaboramos nosotros”, continúa antes de referirse a un asunto capital, la proliferación de imitaciones, falsificaciones de esta época moderna. “Hace 300 años que se hace así aquí y se mandaba al Nuevo Mundo: México, Chile, Perú…, les enseñamos y en México, por ejemplo, la referencia del cristal bueno es el vidrio de La Granja. Allí hay muchos coleccionistas y exhibiciones de nuestro producto y hemos tenido que crear certificaciones porque nos encontramos que había muchas copias”.

También es destacable el ámbito geográfico que acarrea esta denominación, delimitando e identificando claramente su lugar de procedencia, algo muy típico hasta ahora en el sector de la alimentación o las bebidas y que desde ya extiende su repercusión. “Es muy positivo. Es que además este pueblo es un pueblo vidriero, eso es mucho más reconocimiento al trabajo que se hace en él”, apostilla y da fe de ello el caso de José María Navarro, el jefe de producción, cuyos antepasados -padre y abuelo- le enseñaron el oficio.

Fábrica, museo, formación…
Esos 29.000 metros cuadrados del edificio dan para mucho más que una fábrica. Porque es escenario también de un magnífico museo que hace las delicias de los amantes de todo aquello que se produce manualmente con el vidrio. La Real Fábrica cuenta entre sus clientes con algunas de las firmas más prestigiosas relacionadas con el lujo, que también son artesanas y casan con el vidrio, como Loewe, Cartier, Hermès, Grupo Suárez… Además de contemplar el museo, se pueden concertar visitas guiadas en las que los propios artesanos muestran y explican los entresijos del tradicional trabajo mientras lo están desempeñando, contestando las preguntas de los más curiosos.

Otra pata de esta silla de cristal es la formación, donde también sobresale su centro de aprendizaje y por ello se le ha catalogado por el Consejo de Ministros como Centro de Formación de Referencia Nacional, que se instalará y abrirá pronto.

Sus diferentes estancias guardan todo tipo de objetos, la mayoría con el material clave del cristal, de gran valor patrimonial, sentimental e histórico. Algunos muy relevantes o icónicos, como la lámpara de la entrada a la que denominan la ‘Araña Cósmica’, y que salió en todas las fotos de la última cumbre de la OTAN celebrada en España, donde las primeras damas, como Jill Biden, cónyuge de Joe, hicieron una visita junto con la Reina. Una entrada que dirige a la tienda, con numerosas piezas de los maestros, que con el paso del tiempo aprenden a tratar con mimo un material que se antoja muy frágil para soportar las etapas hasta su conversión en un producto final. Un nutrido grupo de lámparas adornan estas dependencias, en una de las cuales se pueden contemplar explicaciones de la talla, el soplado o la última fase de la producción, la decoración.

Un edificio que nunca fue una iglesia pero en el cual sobresale su enorme cúpula, como explica Andrés Ortega, porque en su rehabilitación histórica el arquitecto estaba especializado en basílicas. En otra rehabilitación más contemporánea, en los años 80 gracias al nacimiento de la fundación, se fue conservando el patrimonio que quedaba. Una de sus principales salas es la del Museo del Prado, una exposición permanente, no temporal, con material muy diferente a los cuadros como porcelanas y piezas de vidrio. Se añaden otras salas donde algunos artistas exponen unas obras que recogen toda la historia del vidrio o la mayor colección de vidrieras de Mauméjean y pronto obras del artista segoviano Luis Moro, premio de las Artes de Castilla y León en 2022.

En uno de sus largos pasillos se pueden observar máquinas antiguas utilizadas en los casi tres siglos de historia, algunas también traídas de otras fábricas, auténticos vestigios de este gremio en el pasado, o las dos cúpulas donde los maestros llegados de cada rincón de Europa por decisión del rey trabajaban el vidrio, cada uno con su propia receta de hacer cristal y que transmitían en exclusiva a sus herederos, según relata Ortega. Máquinas que hoy ya no se usan pero en la planta de producción sí perduran artilugios muy muy antiguos que acompañan a los cuatro nuevos hornos de año y medio de vida que han facilitado un incremento de dicha producción. “Por eso era tan importante cómo se trabajaba antiguamente. Hay que recordar que la técnica del soplado del vidrio y de la talla que se realizan en la Granja han sido declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que fuimos impulsores de ese reconocimiento. Por eso, cuando Europa sacó la nueva norma pensamos que era lo siguiente que teníamos que hacer y así nos pusimos en contacto con la Junta, que ha sido muy diligente desde el primer momento. Queremos demostrar que esta artesanía es rentable, que se pueden hacer infinidad de cosas y atraer a gente que pueda instalarse aquí bajo ese marchamo de calidad que te da la IGP y la propia fábrica con sus 300 años de historia”.

Así se hace el cristal artesanal de la Granja
Los propios técnicos de la Real Fábrica narran las fases que atraviesa una confección única que proviene de siglos atrás, desde el soplado hasta la decoración final de unas piezas que son inimitables
José María Navarro es natural de La Granja, lleva toda la vida en la localidad segoviana, en cuya fábrica de cristal trabajaron sus antepasados, como su abuelo paterno Clemente en los moldes 80 años atrás, o su padre, que comenzó muy joven, a los 14 años. Ambos asistieron a todo tipo de vicisitudes, abandonos, ruinas y el resurgimiento desde 1982 con la creación de la fundación gracias al empeño del exalcalde y médico Erik Clavería por mantener el oficio y el edificio.
Navarro, responsable de producción de la fábrica, atiende la visita de este periódico para narrar por qué ese cristal es diferente y único. La clave no es otra que el proceso puramente artesanal, si bien ya no existen los viejos hornos de antaño, sustituidos por cuatro más modernos y más productivos, capaces vía tecnología de informar a un móvil sobre la temperatura en tiempo real o enviar datos a un ordenador. Todo lo demás es idéntico al oficio clásico desde que fuera inaugurada a finales del siglo XVIII, partiendo del molde, soplado, acabado en frío, decoración… “La técnica es la misma. No ha cambiado nada”, subraya.

Con la colaboración de la técnico del horno de soplado Estíbaliz Mijares, que se formó en la escuela de la misma fábrica y ya lleva un año trabajando en ella, confeccionan una pieza, una copa en concreto, mientras narran cada paso, casi como si retrocediéramos en el tiempo. Algo similar a lo que realizan con las visitas guiadas que recibe la fábrica. Estíbaliz destaca que la gente es muy curiosa con el vidrio, la temperatura… y que le preguntan muchas veces “¿no te quemas?”. “Se sorprenden porque están acostumbrados a lo automático, pero esto es otra historia”, prosigue su jefe.

De forma muy sintética, el proceso se inicia introduciendo la alargada caña de hierro hueca en el horno a 1.120 grados para coger una primera posta, así se llama la inicial masa de vidrio con la que se acabará conformando la pieza deseada, que en esta ocasión será una albara, una especie de jarra pequeña o botella. Ese instante es el momento del soplado para darle una primera carga. Después, con papel de periódico se humedece y se va moldeando la pieza sin quemarse. Se puede soplar otra vez para darle una segunda carga, se gira para evitar la gravedad y se caiga el vidrio. “Porque es como si fuera miel”, avisa José María. Mientras, la temperatura del horno va cayendo. Hay que hacerlo todo en menos de diez minutos, según alerta. Se le va dando una forma abombada para que entre la burbuja de aire mientras se aprieta contra la base. Pinza en mano, se marcan los topes y con la paleta le da hendidura para que la base no quede lisa, antes de enfriarla poco a poco en una mufla, algo así como un horno de recocido.

El primer paso de la cadena ha terminado, comenta Navarro mientras muestra las rechazadas de un encargo de Inditex que serán recicladas. La artesanía conlleva mucha selección. Lo siguiente es el taller de frío, donde se adornan los trabajos, a mano, con color o transparentes, pulimiento, marcado, modelar, pintura, etc, explica enseñando una talla Borgoña. “Es artesanía pura, nada que ver con lo industrial”.

Para el responsable de producción, la publicación de la IGP es una gran alegría porque “le da un valor a la técnica empleada. Es que esto no deja de ser nuestra marca, la identifica con la zona geográfica y le dará un empuje importante. Certifica el modelo”.

Fuente: El Adelantado de Segovia 

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